Los servicios sociales frente a las nuevas vulnerabilidades causadas por la digitalización: el e-social work

Argitalpenak Artikuluak

Los servicios sociales frente a las nuevas vulnerabilidades causadas por la digitalización: el e-social work

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En la era digital actual, el sector de los servicios sociales se encuentra con la necesidad de especializarse para dar respuesta a los nuevos problemas relacionados con el uso de las tecnologías. Es lo que se conoce como el e-social work. Un nuevo campo de intervención necesario para dar respuesta a unas nuevas vulnerabilidades que agravan muchas situaciones atendidas por los servicios sociales.

La normalización del uso de Internet y de las tecnologías de la comunicación ha generado muchísimos cambios en los procesos de interacción y socialización de las personas, tanto a nivel individual como colectivo, y ha alterado la forma en que consumimos e interpretamos la información. Entre estos cambios se pueden citar una serie de ventajas, como la comodidad y el ahorro de tiempo y gastos de transporte. Para los trabajadores sociales, con la formación adecuada, el uso de estas tecnologías puede facilitar una asistencia más ágil y de mayor alcance que la atención en formato exclusivamente presencial.

Ahora bien, la rápida fusión de las vidas de muchos individuos con el entorno digital también ha conllevado la aparición de un conjunto de nuevas vulnerabilidades que pueden afectar seriamente al bienestar de las personas, y que en muchos casos derivan de problemáticas ya existentes fuera del mundo cibernético pero que toman otra forma.

¿Más conectados, pero más vulnerables?

Estas nuevas herramientas de comunicación e información, que nos abren ventanas al conocimiento y la interacción de una forma casi ilimitada, tienen el potencial de influir radicalmente en la forma en que cada individuo percibe el mundo. Así, pueden reforzar algunos aspectos positivos de la experiencia humana: por ejemplo, acercarnos a personas y comunidades y ayudar a mantener un sentimiento de pertenencia.

Sin embargo, a la vez que esta capacidad de mantenernos conectados y accesibles puede ser positiva, también nos deja más expuestos y vulnerables a factores a menudo fuera de nuestro control. Es aquí donde radica la problemática asociada a la era digital y donde la innovación en tecnologías y servicios sociales debe desarrollar un nuevo foco de prevención e intervención social.

Además, las desigualdades sociales se ven claramente reflejadas en el uso de las tecnologías, a las que muchos grupos vulnerables no tienen fácil acceso o encuentran barreras. Por ejemplo, las personas con discapacidad suelen chocar con aplicaciones que no son universalmente accesibles. Para las personas mayores, la brecha digital puede acentuar la experiencia de aislamiento y falta de sentido de pertenencia. Para personas en situaciones de maltrato, especialmente las mujeres, las tecnologías pueden suponer un riesgo añadido y una herramienta de control sin la adecuada protección. Para otras personas, especialmente adolescentes y jóvenes, el uso mal gestionado de estas tecnologías puede derivar en adicciones a las redes y plataformas digitales, problemas de salud (sedentarismo, problemas visuales y auditivos, etc.), estrés tecnológico, deterioro de las relaciones en persona y, en casos graves, ciberacoso.

Las principales problemáticas de la nueva realidad digital

Esta revolución en la forma en que nos comunicamos afecta de forma transversal a todos los aspectos vitales, y es inseparable de los servicios sociales u otros tipos de intervenciones. Así, surge la necesidad de fomentar intervenciones especializadas en los problemas y riesgos asociados al mundo digital. Idealmente, estas intervenciones deben formar parte de las ramas de asistencia ya existentes con el fin de ofrecer una atención integral a las personas afectadas. Por ejemplo:

  • Acoso en la escuela que deriva en ciberacoso
  • Violencia de género y tecnologías que se utilizan como herramientas de control
  • Situaciones de tensión en el hogar y riesgo de adicción a las pantallas o sedentarismo
  • Desconocimiento de la ciberseguridad y riesgo de ser víctima de estafas digitales o phishing

Otras veces se pueden dar casos de mal uso de las tecnologías que no responden a situaciones previas, y que pueden causar en las víctimas un profundo malestar e incluso secuelas psicológicas: por ejemplo, el stalking o acoso digital por parte de una persona anónima malintencionada con la que la víctima no tiene ninguna conexión personal.

Esto comporta que el sector de la acción social tenga que adaptarse y desarrollar nuevos protocolos de actuación para dar respuesta a estas vulnerabilidades emergentes, además de tomar conciencia de la problemática y encontrar soluciones a las diversas brechas causadas por el auge de la vida digital. Esto es especialmente importante en muchos perfiles ya vulnerables atendidos por los servicios sociales, para los que estas nuevas vulnerabilidades digitales pueden acarrear un agravamiento de su situación de exclusión, dependencia, aislamiento o violencia.

Estas nuevas actuaciones forman parte de un nuevo ámbito de especialización de los servicios sociales que se conoce como e-social work, y pueden traducirse, por ejemplo, en las siguientes acciones:

  • Mejorar la accesibilidad digital de todos los ciudadanos: enseñar a aprovechar las ventajas de las herramientas digitales y cómo evitar los riesgos que comporta (ciberacoso, estafas, sexting, fatiga social, y grooming en el caso de los niños y adolescentes, entre otros).
  • Prevención de conductas adictivas: informar a los jóvenes y a sus cuidadores sobre los riesgos del uso insano de las tecnologías, y enseñarles un uso positivo y moderado.
  • Creación de protocolos y recursos para casos de violencia digital: por ejemplo, ciberbullying, a menudo vinculado al bullying escolar; ciberacoso o stalking asociados a casos de violencia de género; y situaciones en las que una persona sufre amenazas y otras formas de intimidación por parte de una persona anónima por vías digitales. Existen plataformas como StopHaters, que ofrecen asesoramiento y asistencia a personas que han sufrido algún tipo de violencia digital.
  • Educación sobre el grooming y herramientas de detección: educar a padres, hijos y educadores sobre este tipo de acoso digital en menores, con el fin de prevenirlo y detectarlo.
  • Educación sobre seguridad digital: informar a la ciudadanía sobre las pautas básicas para protegerse de ciberataques (como el phishing o las estafas digitales) y mantener el control sobre los datos personales para no exponer información sensible. Los adolescentes, en particular, son proclives a compartir ciertos aspectos de su día a día, como los sitios que visitan, que pueden dar información sobre sus hábitos y vulnerabilidades a personas malintencionadas.
  • Creación de espacios de apoyo y seguimiento: ya sea individualizado o colectivo, dentro de las plataformas o redes sociales, que tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad de los usuarios.
  • Desarrollar herramientas según el principio de “seguridad por diseño”: tal y como propone la iniciativa Safety by Design, es prioritario que las herramientas y plataformas se desarrollen situando la seguridad en el centro del proceso, y que permitan al usuario conocer los términos de uso con claridad y tener más control sobre su propia seguridad.

El trabajo social en el nuevo paradigma

Cada vez son más las iniciativas que dentro de los servicios sociales intentan dar respuesta a estas nuevas problemáticas.

En el ámbito de las personas mayores, podemos mencionar a SEAP, un servicio del Consejo Comarcal del Baix Llobregat, en Cataluña, que fomenta el buen trato hacia las personas mayores y respuestas eficaces a sus situaciones de fragilidad, entre ellas todas las que tienen que ver con la brecha digital.

En el ámbito de la salud mental, en España la plataforma digital SOM Salut Mental 360, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, ofrece información y numerosos recursos relacionados con las nuevas vulnerabilidades digitales, como el ciberacoso y otros. O en EE.UU. y en Italia donde se ha extendido entre la gente joven el servicio WOEBOT, un agente de conversación (chatbot) que ayuda a afrontar situaciones de malestar, como aquellas derivados de las vulnerabilidades digitales y el uso de las redes sociales.

En el ámbito de la discapacidad, existen un sinfín de iniciativas que ayudan a reducir la brecha digital de las personas. Podemos mencionar, por ejemplo, Easy reading, una herramienta de Alemania que permite hacer las páginas web accesibles a las personas con discapacidades cognitivas; o Voiceitt, un asistente de voz desarrollado en Israel para personas con deficiencias del habla.

Estas iniciativas, entre otras muchas, son ejemplos de cómo la tecnología, con los protocolos adecuados, se puede utilizar para reforzar la seguridad de las personas dentro y fuera de la realidad digital. Sin embargo, todavía hay un largo camino por recorrer hasta que contemos con soluciones claras y estandarizadas que minimicen las vulnerabilidades inherentes al auge digital.

A largo plazo, el trabajo social (o e-social work, en particular) tiene por delante una serie de retos relacionados con esta nueva realidad. A pesar de tener una cierta visión general, todavía no se cuenta con datos detallados y predictivos sobre cuáles son -y serán- las situaciones en que se requiera intervención, y qué necesidades y demandas tendrán las personas al utilizar las herramientas digitales actuales y futuras.

Además, también es necesario dedicar esfuerzos a identificar qué necesidades tiene el sector de la acción social para responder a estas situaciones, y a desarrollar sistemas en concordancia, para analizar el panorama y establecer mecanismos holísticos destinados a proteger a la ciudadanía, tanto en el entorno digital como fuera del mismo, a través de la asistencia especializada.

Referencias

[1] Trabajo social on-line. El futuro de la intervención social. Digitum. Disponible en: https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/51373/1/Trabajo%20social%20on-line.%20El%20futuro%20de%20la%20intervenci%c3%b3n%20social.pdf

[2] Los Servicios Sociales en la Era Digital. Escola de l’IGOP. Disponible en: http://escoladeligop.com/wp-content/uploads/2021/09/TFM_PSAC_Ismael_Ot_Padilla.pdf

[3] Six ways tech can help end gender-based violence. UNICEF. Disponible en: https://blogs.unicef.org/east-asia-pacific/six-ways-tech-can-help-end-gender-based-violence/

[4] StopHaters. Asociación contra el ciberacoso. Disponible en: https://www.stophaters.es/ 

[5] Safety by Design. E-Safety. Disponible en: https://www.esafety.gov.au/industry/safety-by-design

Riesgos y beneficios de la intervención social en remoto

Argitalpenak Artikuluak

Riesgos y beneficios de la intervención social en remoto

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La transformación digital ha afectado radicalmente la forma de comunicarnos. El sector de los servicios sociales no es la excepción. ¿Qué ventajas tiene la intervención social en remoto y qué resistencias presenta?

La pandemia de la COVID-19 ha forzado cambios rápidos en casi todos los ámbitos laborales, educativos y personales. Esta necesidad de readaptación ha puesto de relieve las limitaciones de los sistemas actuales, ante una situación en la que muchas personas vulnerables o con necesidades especiales se han encontrado con barreras y dificultades para acceder a los servicios habituales.

Por un lado, el distanciamiento social ha impulsado el desarrollo de nuevas herramientas y programas en remoto que buscan la innovación para seguir proporcionando servicios de la forma más eficiente posible a los colectivos vulnerables, venciendo las barreras digitales, físicas y logísticas. También han cobrado relevancia algunas herramientas de comunicación que ya existían, pero no se habían normalizado en el entorno profesional.

Por otra parte, a raíz de esta situación, se ha puesto sobre la mesa el debate que contempla los riesgos y beneficios de la intervención social en remoto. Este debate, que ya existía desde hace años, despierta opiniones polarizadas que giran en torno a preguntas de tipo ético, práctico y estratégico: por ejemplo, ¿hasta qué punto se puede optimizar la protección de datos y la confidencialidad de las personas en el uso de tecnologías de intervención social? ¿Qué resistencias y dificultades pueden tener las personas a la hora de utilizar estas herramientas?

Las barreras y resistencias de la intervención social en remoto

La rápida adaptación de las tecnologías a los diferentes ámbitos ha marcado, sin duda, un antes y un después, produciendo cambios en los hábitos de la población y en la manera de consumir servicios y productos. En muchos casos, la asistencia telemática ha sido fácilmente acogida por las comodidades que supone en términos de tiempo y desplazamientos. Sin embargo, en el ámbito de los servicios sociales, dada la naturaleza de estas intervenciones, se han observado algunas desventajas en la comunicación telemática que causan preocupación. Estas son las principales:

  • Las limitaciones de la interacción y los matices que se pueden perder por videollamada. El lenguaje no verbal, como el contacto visual, la postura corporal y los gestos, como los asentimientos, ayudan a comunicar respeto y atención y son importantes a la hora de establecer una relación de confianza con la persona que recibe ayuda. En las videollamadas, el ángulo de la cámara dificulta el contacto visual. Además, en muchos casos, las habilidades interpersonales de los trabajadores sociales se han desarrollado cara a cara y puede resultarles difícil adaptarlas al contexto digital.
  • La elevada dificultad para detectar factores de riesgo. Por ejemplo, de manera telemática puede ser difícil realizar una evaluación de la tensión en un hogar con situaciones de abuso o de violencia doméstica, ya que la privacidad de la persona y su libertad para comunicarse pueden verse afectadas.
  • Las habilidades digitales de todas las personas implicadas en la intervención. El uso de tecnologías es una barrera para algunos individuos, especialmente para los grupos de edad más avanzada que no están familiarizados con herramientas digitales como las videollamadas, y que se encuentran en riesgo de quedarse atrás debido a la brecha digital.
  • El desconocimiento y consentimiento en el uso de datos de las personas. En muchos casos, especialmente con usuarios que no están familiarizados con herramientas digitales, existe una carencia de conocimiento sobre el uso de datos de las aplicaciones y algunas personas pueden estar dando consentimientos sin saberlo.
  • Límites personales y profesionales. En ocasiones, los trabajadores sociales pueden utilizar herramientas como chats y videollamadas para ponerse en contacto con las personas que necesitan asistencia. Aunque la telecomunicación tiene muchas ventajas, a algunos trabajadores y trabajadoras sociales les preocupa que esto pueda invadir los límites entre la vida profesional y la vida personal, tanto en horarios laborales como en confidencialidad.

¿Qué soluciones existen para estas barreras y resistencias?

Cabe destacar que, a pesar del listado de barreras, el desarrollo de las relaciones entre profesionales y personas asistidas es complejo y depende también de una serie de factores: la personalidad de ambas partes, los comportamientos, las experiencias previas, los valores y las influencias comunicativas de la relación, entre otras. La eficacia y las barreras de las intervenciones en remoto pueden variar y, en algunas situaciones, presentar muchas más ventajas que inconvenientes.

Éstos son algunos ejemplos de las ventajas:

  • Ahorro de tiempo y gastos de desplazamiento. Algunas personas atendidas se encuentran en situaciones económicas difíciles y los gastos de desplazamiento pueden suponerles un esfuerzo añadido. Además, muchos menores, jóvenes, ancianos o personas con discapacidad dependen de sus cuidadores para los desplazamientos. En estos casos, las comunicaciones en remoto actúan como herramienta de inclusión.
  • Flexibilidad. En ocasiones, el tiempo de desplazamiento y los horarios pueden ser una barrera. La comunicación digital tiene la ventaja de la inmediatez y flexibilidad, tanto para los trabajadores sociales como para los beneficiarios de los servicios.
  • Comodidad. En algunos casos, es posible que una persona se sienta más cómoda pidiendo ayuda por canales digitales desde su zona de confort que acordando encuentros presenciales. Existen casos de personas que quizás no accederían a los servicios si no existiera la opción online. Además, éstos también favorecen a las personas con problemas de movilidad.

Gracias a estas ventajas, una parte importante del sector de la acción social contempla los mencionados riesgos como un reto que vale la pena afrontar para idear y desarrollar herramientas que posibiliten la coexistencia de la práctica en remoto y la práctica tradicional, de modo que siempre se garantice la eficacia y confidencialidad del servicio. Algunas experiencias de éxito en el ámbito de los servicios sociales están demostrando hoy que esto es posible, como el servicio de acompañamiento remoto DigiContact de los Países Bajos, el servicio de apoyo psicosocial Ipso de Alemania, el servicio de intervención grupal Circles de Estados Unidos, o la aplicación para jóvenes Flapp! desarrollada en Cataluña por la Fundación iSocial.

Intervención social en remoto: ¿qué se debe tener en cuenta?

Como hemos visto, la eficacia de las intervenciones sociales en remoto depende de un conjunto de factores a evaluar en cada caso, considerando los aspectos éticos y prácticos. Teniendo en cuenta la rápida transformación digital, es de esperar que la formación de los trabajadores sociales incluya, cada vez con mayor frecuencia, habilidades con herramientas digitales que se adapten a las nuevas necesidades de la ciudadanía. Así pues, la transformación del sector de la acción social gira en torno a cuatro ejes: accesibilidad, alfabetización, igualdad y empleabilidad.

Para garantizar la seguridad y calidad de las intervenciones sociales en el entorno digital, es necesario aplicar algunas directrices:

  • Facilitar la alfabetización digital de los grupos menos familiarizados con este tipo de tecnologías. Por ejemplo, en el barrio de la Sagrera de Barcelona se ha puesto en marcha un servicio de acompañamiento en el que los vecinos se ayudan mutuamente en las gestiones que requieren el uso de las TIC, de la mano de personas voluntarias.
  • Facilitar a los trabajadores sociales formación en herramientas TIC que respondan a las necesidades de diferentes casos y perfiles, estableciendo protocolos de confidencialidad y asegurando que ambas partes los conocen y respetan.
  • Asegurarse de que la persona beneficiaria del servicio o atenciónconoce los términos de uso de las tecnologías y que se cuenta con su consentimiento informado.
  • Facilitar el acceso a herramientas e instrumentos (como un ordenador o la instalación de una aplicación) a la persona que recibe el servicio, en caso de que no disponga de ellos.
  • Explicar los límites personales del trabajador social por adelantado, a fin de evitar que la otra persona se sienta rechazada: por ejemplo, explicar que no acepta solicitudes de amistad en las redes sociales por razón de profesionalidad.

Referencias

[1] Remote service delivery during the COVID-19 pandemic: Questioning the impact of technology on relationship-based social work practice. Oxford Academic. Disponible en: https://academic.oup.com/bjsw/advance-article/doi/10.1093/bjsw/bcab242/6460190

[2] Una experiencia. Uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para la intervención social en servicios sociales. Servicios Sociales y Política Social. Disponible en: https://www.serviciossocialesypoliticasocial.com/una-experiencia-uso-de-las-tecnologias-de-la-informacion-y-la-comunicacion-tic-para-la-intervencion-social-en-servicios-sociales

[3] The Perils and Benefits of Remote Social Work. NYC Reopens. Disponible en: https://nycreopens.com/the-perils-and-benefits-of-remote-social-work/

[4] Conexión comunitaria contra la brecha digital. Ajuntament de Barcelona. Disponible en: https://ajuntament.barcelona.cat/imi/es/noticia/conexion-comunitaria-contra-la-brecha-digital_1049132 [22/04/2022]

Simon Duffy: “El Apoyo Auto-dirigido sólo propone tratar a todo el mundo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros”

Argitalpenak Elkarrizketak

Simon Duffy: “El Apoyo Auto-dirigido sólo propone tratar a todo el mundo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros”

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Hablamos con Simon Duffy, presidente de Citizen Network. Duffy nos explica los beneficios del Self-directed Support o Apoyo Auto-dirigido, qué barreras se encuentra esta metodología y cómo él entiende el papel del trabajo social en la mejora de la calidad de vida de toda la ciudadanía.

¿Que despertó tu interés en el trabajo social?

Me topé de frente con el trabajo social. No soy un trabajador social con formación: por formación, soy filósofo. Mi primer trabajo decente fue como administrador en el NHS (el sistema de salud del Reino Unido), y visitaba una institución en la que había personas con discapacidades intelectuales que vivían encarcelades. Me quedé atónito por las condiciones en las que vivían estas personas, pero también encantado de conocer a la gente maravillosa atrapada allí. Me sentí llamado a cambiar de carrera y comencé a trabajar para dar apoyo a la gente con discapacidades que vivía en la comunidad.

Hoy siento que soy un trabajador social, pero quizás un trabajador social no oficial y a tiempo parcial.

¿Por qué promueves la metodología del Apoyo Auto-dirigido?

Al comenzar a trabajar con gente en la comunidad, me di cuenta de que los nuevos servicios que sustituían a las instituciones no siempre facilitaban que las personas vivieran del todo como ciudadanas. Así que comencé a explorar diferentes maneras de ayudar a la gente a tomar su sitio en la comunidad, a tener sus propios hogares y a acceder a puestos de trabajo, a contribuir a la comunidad, encontrar el amor y hacer todas aquellas cosas que hacen que la vida merezca la pena.

Hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a la gente a vivir una vida satisfactoria y con sentido, pero yo comencé a centrarme en la economía y el empoderamiento. Tengo la impresión de que las personas no tienen suficiente poder. Quizá se les den servicios, pero en realidad no pueden adaptar este apoyo a sus vidas y esperanzas de futuro. En cierto modo, incluso cuando las instalaciones institucionales se cierran, el sistema institucional persiste.

Así que durante más de 30 años he trabajado para crear un nuevo sistema de financiación, control y apoyo. Cuando reunimos estas condiciones podemos crear un buen sistema de Apoyo Auto-dirigido.

Pero el verdadero propósito de este trabajo es mejorar la condición de ciudadano para todos.

¿Es una metodología aplicable a cualquier situación de vulnerabilidad social?

Sí y no.

A veces, la gente tiene una visión demasiado simple del Apoyo Auto-dirigido: se piensan que el Apoyo Auto-dirigido es solo para personas que pueden tomar decisiones fácilmente sin la ayuda de nadie. Pero el Apoyo Auto-dirigido puede funcionar para todo el mundo, si respetamos los principios de la toma de decisiones asistida.

En algunos aspectos, el Apoyo Auto-dirigido funciona mejor para personas con discapacidades y necesidades complejas. Cuando hay conflicto, enfado y retos, a menudo quiere decir que no estamos ayudando a las personas de forma idónea. Debemos escuchar con más atención y adaptar nuestra respuesta para ayudar a que las personas tengan lo que necesitan. Esto significa examinar y enmendar todas las variables. Quizás la persona no tiene suficiente control, o quizás la persona que le ofrece asistencia no es la adecuada, o utiliza un enfoque erróneo. El Apoyo Auto-dirigido debe funcionar para todo el mundo. Pero eso no quiere decir que lo debamos utilizar para resolver todos los problemas. Algunos servicios funcionan mejor cuando se organizan como servicio público: por ejemplo, la asistencia sanitaria de emergencia y el transporte público. Estas cosas se administran mejor con diferentes políticas, porque requieren tener en cuenta las necesidades de toda la población. Lo mismo pasa con el sistema de trabajo social básico. El sistema de trabajo social es la infraestructura, un marco de trabajo en que el sistema de soporte autodirigido debería operar.

Si una persona está interesada en el Apoyo Auto-dirigido en el Reino Unido, ¿qué pasos puede seguir?

En teoría, en Inglaterra y Escocia (y en muchos otros países, como Australia), el Apoyo Auto-dirigido actúa como núcleo del sistema operativo de todas las personas adultas que necesitan apoyo social. La idea es que, después de evaluar tus necesidades, puedas recibir un presupuesto, y dispongas de diferentes opciones para administrar dicho presupuesto de modo que puedas formar tu propio sistema adaptado.

Esta es la teoría. La realidad es más confusa y limitada. Por ejemplo, en Inglaterra, los sistemas de atención residencial tienen permiso para excluirse de este sistema (personalmente, pienso que esto es un error) y, además, el sistema hace otras cosas para desalentar que la gente tome un rol activo en la administración de su propio presupuesto.

Se trata de un patrón internacional. El Apoyo Auto-dirigido está creciendo y lo utilizan cada vez más grupos. Sin embargo, los sistemas y servicios a menudo resisten este crecimiento e intentan reducir su responsabilidad para con la persona.

¿Qué deben hacer los trabajadores sociales para guiar a una persona en el Apoyo Auto-dirigido?

El buen trabajo social impulsa la autonomía de las personas, apoyándolas para que vivan una vida plena e igualitaria como miembros de la comunidad. Nuestro objetivo debe ser ayudar a que todo el mundo contribuya, de forma que las aportaciones únicas de cada persona se valoren. Si los sistemas de Apoyo Auto-dirigido perjudican nuestra habilidad para realizar un buen trabajo social, significa que hay alguna cosa en el sistema que no funciona correctamente.

Hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a que la gente reciba el apoyo adecuado.

A veces, las personas se benefician mucho de entender cómo funciona su presupuesto personal, especialmente si esto les abre nuevas formas creativas de conseguir sus objetivos. Así que los trabajadores sociales se pueden beneficiar de cualquier sistema que facilite que el presupuesto sea transparente, de forma que puedan hablar con la persona y con su red para explorar la mejor manera de utilizarlo.

También es importante utilizar el desarrollo de un buen apoyo para ayudar a la persona a construir una comunidad de aliados a su alrededor, que apoye la toma de decisiones, la planificación, las gestiones y la creación de comunidad.

Lo que no debemos hacer es entender el Apoyo Auto-dirigido como ir de compras. El mero hecho de poder elegir el proveedor de servicios no hace que podamos crear una vida plena. Un buen proveedor de servicios será un compañero y aliado para la persona y se convertirá en un agente activo que le ayude a conseguir sus metas.

¿Qué herramientas hay disponibles actualmente para implementar este modelo?

Esto es una pregunta difícil. Hay muchas herramientas que emergen alrededor de sistemas específicos: herramientas para establecer presupuestos, herramientas de planificación centrada en la persona, acuerdos de toma de decisiones asistida, sistemas para encontrar proveedores de servicios y asistentes personales, para gestionar el presupuesto… No estoy seguro de qué recomendar, pero a veces pienso que nos distraemos un poco con las herramientas y nos olvidamos de utilizar el sentido común.

La mejor herramienta es el corazón humano. Todo se debe juzgar a través de él. 

Hay barreras que pueden impedir que los ciudadanos se beneficien del Apoyo Auto-dirigido?

La principal barrera es el deseo de todos los sistemas de protegerse del cambio. De nuevo, es importante ver que avanzar hacia el uso del Apoyo Auto-dirigido es solo una pequeña parte del movimiento que nos aleja de las instituciones y nos acerca a los derechos humanos y ciudadanos. Es natural que las personas, organizaciones y sistemas entiendan como un reto la idea de que la persona debería tener más poder, y que las prácticas del pasado deberían cambiar y evolucionar.

A pesar de que es posible sentirse enfadado y decepcionado por la lentitud del cambio del sistema, el reto real es encontrar formas de ayudar a que la gente vea todos los aspectos positivos de este cambio. El desarrollo del Apoyo Auto-dirigido real es un proceso orgánico y en evolución, y tenemos que desarrollar estrategias para invitar a más gente a este viaje: no solo la gente que necesita ayuda, sino también familias, proveedores de apoyo, gestores y participantes de la comunidad. El proceso de cambio se fortalece si ayudamos a crear una comunidad de aliados más rica alrededor de este cambio.

¿Puedes mencionar un caso de éxito?

Hay casos de éxito para las personas y para los sistemas. Estos son algunos ejemplos.

Utilizamos el Apoyo Auto-dirigido para ayudar a Patrick a dejar una institución grande y crear su propio hogar en la comunidad. Utilizamos la creatividad para ayudarlo a comprar una casa adecuada y para organizar un equipo de apoyo personalizado. Antes de que se mudase a su casa, Patrick era percibido como una persona muy peligrosa. Pero desde que se mudó a su casa en 1997, ha vivido una vida positiva y productiva dentro de su comunidad. Sin este apoyo personalizado, habría vivido atrapado en un entorno institucional caro y arriesgado. 

Wendy tiene discapacidades intelectuales, y quería un presupuesto personal para poder vivir a su manera. Fue muy creativa con el presupuesto: por ejemplo, en lugar de invertir en un fisioterapeuta, paga a un entrenador personal en el gimnasio. Su solución es más positiva y motivadora para ella. También es una coach activa, que enseña a otras personas con dificultades de aprendizaje los beneficios de tener más control sobre su propia vida.

Para los sistemas, el éxito llega a rachas. Los primeros desarrollos en el Apoyo Auto-dirigido comenzaron en California en 1965, y desde entonces en los Estados Unidos ha habido períodos de crecimiento y períodos de resistencia. Australia también es un ejemplo interesante, ya que los cambios radicales se introdujeron después de una campaña llamada Every Australian Counts (“cada australiano cuenta”). Esta campaña une a las personas, familias y proveedores de servicios en un movimiento conjunto que trata el derecho al Apoyo Auto-dirigido como derecho universal que todo el mundo puede esperar. Ahora, cuando el gobierno de Australia intenta diluir esta reforma, la campaña es muy efectiva ejerciendo presión. Este avance es muy alentador, porque comienza a normalizar el Apoyo Auto-dirigido en un marco social más amplio.

El Apoyo Auto-dirigido no debe percibirse como una metodología nueva y extraña. Solamente es cuestión de tratar a todo el mundo como nos gustaría que nos tratasen a nosotros – como ciudadanos iguales y con toda la plenitud de derechos, merecedores de respeto. Esta metodología debe dar a los trabajadores sociales más poder para realizar su trabajo de forma idónea y en harmonía con los verdaderos principios y valores del trabajo social.